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Bélico, Drama, HISTORIA, Infancia

AMRUM

Película de Fatih AKIN y Hark BOHM, Alemania, 2025

Crítica de Véronique Gille, traducción adaptada

Duración: 93 min.

Año: 2025
País: Alemania
Dirección: Fatih Akin
Guion: Fatih Akin, Hark Bohm
Música: Hainbach
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub

Reparto: Jasper Billerbeck, Diane Kruger, Detlev Buck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Matthias Schweighöfer, Kian Köppke, Hark Bohm, Lars Jessen, Steffen Wink,
Género:   Drama. Basado en hechos reales. II Guerra Mundial. Infancia

     Cae el ocaso sobre la Segunda Guerra Mundial, cuyos días están contados. La acción transcurre en la isla de Arum, un pequeño bastión alemán en el Mar del Norte donde la familia de Nanning (el excelente Jasper Billerbeck), un niño de doce años, se ha refugiado. El fin de la guerra es un rumor entre los isleños, un rumor que reaviva la esperanza de libertad. Pero esta nueva era no es del agrado de la madre de Nanning, quien se niega a aceptar la realidad de la inminente caída del Tercer Reich. Su esposo es un oficial nazi, y si Alemania se derrumba, la familia de Nanning se derrumbará con ella, junto con todo un sector de la sociedad alemana, aquí representado por esta madre neurasténica. La caída es inaceptable, y la defensa del Führer debe seguir manteniendo las mentes a flote a toda costa.

     Fatih Akin retoma el tema de la novela Amrum de Hark Bohm que, con su rigor casi documental, está impregnada de un humanismo delicado y de gran fuerza dramática. El cineasta plasma con precisión el resentimiento tribal de las familias campesinas que se denuncian y rechazan mutuamente en la isla. Nanning crea un personaje impactante y perspicaz, conmovedor y espontáneo, maduro y sensible, que soporta los golpes y las reprimendas de los adultos, encarnando en sí mismo la inocencia destruida por la guerra. Cuando el joven Nanning se ve abrumado por la soledad que lo envuelve, evocando el inminente fin de esta guerra de adultos con frases llenas de lucidez y verdad, logra conmover. Una mirada, una inflexión de voz, bastan para subrayar la intensidad de lo que está viviendo.

      La cronología se sigue de forma convencional, pero la estética y la fotografía de la película son magníficas y contribuyen a preservar el mensaje esencial, que recae sobre los hombros de un niño que intenta lidiar con el miedo, el dolor y la tristeza. Nanning y su familia parecen vivir ajenos a la tragedia de la época, sutilmente presente en la película: la escasez de alimentos, la amargura de una campesina que afronta penurias diarias, el trabajo infantil, un aviador muerto en la playa, la denuncia y la escucha clandestina de la radio británica son alusiones a la guerra. Es una crónica vívida, pero el cineasta logra evitar cualquier enfoque maniqueo. Sabe cómo retratar la desesperación que experimentaron los alemanes, independientemente del bando al que pertenecieran.

     Aquí no hay sentimentalismo ni complacencia intelectual. Fatih Akin retrata con veracidad la historia de un pueblo: la valentía de algunos, la infamia de otros, la ignorancia de otros más. El rigor y la sobriedad con que el director emplea sus técnicas para transmitir las contradicciones y ambigüedades de la época resultan de gran interés. Ha liberado su película de cualquier intento de explicación o justificación, evitando así la controversia (Nanning fue miembro de las Juventudes Hitlerianas, pero resulta entrañable) que deja a quienes se sienten cómodos con las narrativas históricas simplistas. Amrum también es una película sobre la infancia, un poco sobre la amistad entre Nanning y Hermann, sin detenerse en ello, porque no se trata de añadir sentimentalismo a una película que sabe muy bien prescindir de él.

     La puesta en escena es bastante austera, con un enfoque preciso en los personajes, y la fototografía, a ratos luminosa y a ratos apagada, a ratos alegre y a ratos desesperada, es hermosa. Las elecciones estéticas reflejan las angustias que atormentan al niño: ¿cómo encontrar pan, mantequilla y miel para darle esperanza a su madre cuando la comida escasea por todas partes? El punto de vista adoptado es el de un niño; el horror de la guerra queda relegado fuera de pantalla y, en cambio, se encarna en la vida cotidiana de los habitantes de la pequeña isla. Esta vida cotidiana ancla la narración en su tiempo y le otorga una autenticidad concreta. Las situaciones del guión sirven para crear un mosaico que representa los carácteres y las actitudes que los alemanes pudieron haber tenido durante la guerra: la madre adoctrinada que constantemente le recuerda a su hijo la retórica de Hitler —según la cual los traidores son débiles que deben ser eliminados por inútiles—, la tía consensuada y comprensiva, la campesina resistente. Pero el cineasta no pierde de vista la razón de ser de su película: la perspectiva de un niño sobre un mundo complejo y arbitrario.

     Con maestría, Fatih Akin entrelaza momentos de ligereza con el drama histórico, revelando menos la fragilidad de los niños que su fuerza inconmensurable, su tenacidad y su inteligencia. El tono delicado se mantiene gracias a una cierta neutralidad en la dirección, pero esta se vuelve más aguda y profunda cuando Fatih Akin filma a su héroe: su valentía se muestra con una admiración que dota a este joven de una verdadera grandeza, un soplo épico, incluso lírico, a pesar de que su país sea un país  vencido. Es la agonía de la guerra donde el cainismo encuentra su expresión, donde el nativo se convierte en refugiado, donde el derrumbamiento de la madre refleja el verdadero derrumbamiento moral de la sociedad civil alemana.

     Sin embargo, aunque la moralidad se haya trastocado por el desastre, persisten las cuestiones éticas. Nanning es literal y obstinado: quiere pan, mantequilla y miel. Es producto del discurso educativo dogmático de una generación sacrificada que le inculcó su familia que sirvió al fascismo: adultos afligidos en sus mentes por una maldad que transmiten a sus seres queridos. Abandonar la isla significa poner fin a todo esto, de lo contrario, estas personas y su ética acabarán por destruir el futuro. La cuestión de la fe en la ideología nazi toma forma en la rabia que consume a Nanning por completo cuando se da cuenta de que su hermano ha cometido una tontería irreparable. Un grito de rabia, pero también de dolor, lanzado contra el mundo y su injusticia. Compasión por los vencidos. Antes de construir, hay que demoler las falsas esperanzas. Para empezar de cero, hay que empezar con buen pie: así debía de pensar Alemania en aquel momento.

     El aislamiento de Nanning se materializa en pantalla al enfocarse únicamente en primeros planos. Un ejemplo clave es la escena del cruce del mar cuando este va subiendo y lo envuelve, aislándolo en un vasto paisaje marítimo que también es el de sus pensamientos. El cineasta captura la vida y representa la realidad incorporando todo aquello que puede acercar el cine a la realidad, con una introspección de esta sociedad marcada por la guerra y el fascismo. Inspirada en un recuerdo de infancia de Hark Bohm, la obra se centra en las huellas dejadas por las consecuencias del conflicto desde la perspectiva alemana (exilio, suicidio, caída), pero Fatih Akin también revela otro tema: la fe en la patria. Las sonrisas que intercambian dos niños, con las que cierra su película, atestiguan una verdad crucial: los niños analizan y comprenden; los adultos son incapaces de hacerlo.

Amrum – Crítica_ versión en francés

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