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Acción, Drama, Suspense, Thriller

EL AGENTE SECRETO

Película de Kleber Mendonça Filho, Brasil, 2025

Crítica de Véronique Gille, traducción adaptada

Duración: 158 min.

Año: 2025
País: Brasil
Dirección: Kleber Mendonça Filho
Guion: Kleber Mendonça Filho

Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza
Fotografía: Evgenia Alexandrova

Reparto: Wagner Moura, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Udo Kier, Isabél Zuaa, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Thomas Aquino, Tânia Maria, Suzy Lopes, Rubens Santos, Joao Vitor Silva, Buda Lira
Género:   Drama. Suspense. Años 70. Dictadura en Brasil.

El agente secreto es un thriller político sobre personas que un país busca borrar, pero que resurgen a pesar del olvido. Buscado por los secuaces del régimen dictatorial de la época (la película transcurre principalmente en 1977 bajo el gobierno de Ernesto Geisel) por exponer un escándalo de corrupción en su universidad, Marcelo huye de la dictadura en su Volkswagen Escarabajo amarillo. Regresa a Recife para encontrar a su hijo Fernando, criado por sus suegros, y alejarlo de la violencia y acercarlo a la libertad. Pero debe esperar nuevos documentos y es acogido en un refugio seguro, dirigido por la bondadosa Doña Sebastiana, donde también viven otros refugiados perseguidos por el régimen. Kleber Mendonça Filho conoce los entresijos de la eficacia cinematográfica, creando un cine que refleja tanto la acción como la emoción.

     Una realidad social dura y violenta irrumpe en la pantalla desde las primeras imágenes: un cuerpo tendido bajo cajas de cartón en una gasolinera. Como tela de fondo, se desarrolla la caza de disidentes y la corrupción que asola las instituciones públicas brasileñas. Para el cineasta, es evidente que el cine es, por definición, un acto político, un testimonio y un registro de su tiempo.  La dirección es la de un thriller, pero la película también es, por momentos, un panfleto político, rozando lo documental, y un retrato mordaz del caos en Brasil bajo la dictadura. Por eso, la obra rezuma un oscuro sarcasmo de innegable lucidez y amargura. Sin embargo, en esta oscuridad, Kleber Mendonça despliega una frágil historia familiar, una flor que florece en medio de la desgracia social.

    Este drama se ve iluminado por la excepcional actuación de Wagner Moura (Marcelo/Armando), quien ganó el premio a Mejor Actor en Cannes en el año 2025 por este papel. Su interpretación, llena de matices, y su mirada cautivadora son verdaderamente impresionantes. A su alrededor gira un elenco diverso de personajes, entre ellos Doña Sebastiana, una anciana digna que acoge bajo nuevas identidades a quienes se ven amenazados por el régimen. Tiene un gato de dos caras, que encarna la dualidad que estos refugiados se ven obligados a adoptar para escapar de la policía y los matones, personas comunes —poco astutas, pero sí metódicas y corruptas— encargadas de las ejecuciones extrajudiciales y la eliminación de cadáveres.

     La dirección es precisa, y la película se desarrolla a través de sutiles cambios, visiones y fragmentos de historias que se unen lentamente, construyendo un rompecabezas cuyas escenas se entrelazan y revelan gradualmente. El desvelamiento progresivo de esta historia personal, que en realidad narra la historia de un país plagado de corrupción y opresión, mantiene el suspense a medida que el ritmo se vuelve cada vez más trepidante, a la vez que abre la memoria de Brasil a su pasado. Algunas escenas combinan el humor negro con el realismo mágico, incluso adentrándose en el reino de la fantasía, como cuando una pierna tragada por un tiburón y recuperada por una forense se convierte en un arma letal del régimen, utilizada para perseguir y atacar a homosexuales en un parque público.

La riqueza de El agente secreto radica en este estudio de las relaciones de poder y las injusticias sociales que se fusiona con un homenaje al cine, apropiándose de películas como Tiburón, la película de Steven Spielberg o la de Philippe de Broca, El Magnífico, en que Jean-Paul Belmondo sueña con ser espía. Además, la excelente actuación, en general, otorga peso dramático a la mayoría de los pequeños sucesos que marcan la vida cotidiana de la comunidad de fugitivos, mientras la jungla policial y política no les ofrece respiro. Es un retrato contundente, pero también carente de melodrama, filmado lo más fiel posible a la realidad, sin otra postura que mostrar a hombres y mujeres lidiando con una existencia impuesta por la dictadura. Esta viene  representada por la brutalidad y la banalidad de gentes acostumbradas a obedecer, sin rostros de monstruos, pues verdugos ordinarios.

     El cineasta es tan hábil para iniciar suavemente un relato como para transmitir poderosamente en la fotografía o las imágenes la trivialidad de los momentos, el absurdo de las situaciones, el presagio de muerte con perros callejeros —animales psicopompos— olfateando un cuerpo tendido en el suelo, el silencio húmedo del insomnio, el grito angustiado de una pesadilla, el realismo mágico de una pierna peluda que ataca, la emoción fugaz de un padre, el dolor mudo de un hijo adulto que ha reprimido sus recuerdos. Es cuando se acerca a sus personajes que Kleber Mendonça resulta más convincente. Aplastado por una corrupción mecánica, tambaleándose de la esperanza a la desilusión, el protagonista lucha en la cuerda floja de la esperanza, apoyado por una puesta en escena que sabe cómo encontrar la perspectiva adecuada.

     Los espectadores se ven atraídos por esta historia de solidaridad, justicia y secretismo, conceptos todos humanos y, por lo tanto, imperfectos. Casi imbuida de una épica, la película trasciende géneros y épocas. Esta película, con su atmósfera opresiva y sórdida, explora libremente los temas de la lucha y la memoria, mientras el cineasta hace que sus queridos personajes sean cercanos al revelar sus defectos, su timidez, sus vacilaciones. ¡La mirada de Marcelo es tan expresiva! Sin embargo, el éxito de la película no reside en una hábil mezcla de diferentes estilos, sino en la eficacia específica de estos momentos cruciales que rompen la continuidad para construir una narrativa poderosa. Transmite un sentido del deber de recordar, que Fernando, el hijo de Marcelo, recibe con un sufrimiento profundo y palpable, evidente en sus palabras y mirada en las escenas finales. Este sufrimiento es el de un pueblo que debe reconstruirse sobre cuerpos no olvidados y presentes.

EL AGENTE SECRETO – Crítica_ versión en francés

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