Una película de Eva Victor, EE.UU., 2025
Crítica de Véronique Gille, traducción adaptada
Duración: 103 min.
Año: 2025
País: Estados Unidos
Dirección: Eva Victor
Guion: Eva Victor
Música: Rob Rusli
Fotografía: Mia Cioffi Henry
Reparto: Eva Victor, Naomi Ackie, Lucas Hedges, John Carrol Lynch, Louis Cancelmi, Kelly McCormack, Alison Wachtler, Hettienne Park, W
Género: Drama. Comedia. Cine independiente USA
A pesar de su humor recurrente, con sus risas y sonrisas perplejas siempre rayanas en lo dramático, Sorry, Baby es una película que pertenece a la categoría de películas que hablan más que otras sobre el tema del abuso sexual sin mostrarlo explícitamente en pantalla. Por eso puede ser tan perturbadora, tan incómoda, que a veces deja al espectador conmocionado. La víctima, Agnes, interpretada con maestría por la propia directora Eva Victor, parece consentir y a la vez estar perdida. Con la mente aturdida por el trauma que sufre posteriormente, intenta encontrar las palabras para describir lo que ha vivido. Este drama social aborda la agresión sexual y relata el caos psicológico resultante. Como directora y actriz, Eva Victor ya demuestra un dominio del cine y su lenguaje no verbal.



Cada plano, meticulosamente construido como una pintura de Edward Hopper, está impregnado de ambigüedad, impulsando la narrativa a través de un espectro de emociones, desde la violencia hasta la ternura, desde el drama hasta el humor melancólico. La presencia de la protagonista es central en la película porque estas emociones tienen su raíz en su trauma. Agnès encuentra refugio en su amistad con Lydie. La duda no se centra en la identidad del agresor, sino en la decisión de la heroína de no denunciarlo, como si no pudiera definir el acto que sufrió, decidida a bloquear el recuerdo para reconstruirse, pero también, quizás, a provocar al elegir el silencio. Sin que lo parezca, la película transmite sutilmente la crueldad de las relaciones entre los personajes, aunque algunos, como Natasha, son ocasionalmente caricaturizados.



Esta crítica social se desvía hacia varios temas universales: la sumisión, el desafío, la amistad, la rivalidad, el amor, la maternidad, entre otros. La trama sigue a una joven y brillante académica que no intenta ocultar sus vulnerabilidades, dispuesta a soportar las dificultades, pero decide no hacerlo, optando en cambio por experimentar algo diferente. Nos adentramos en el laberinto de su psique y sus singulares conflictos internos. Las mujeres ocupan cada fotograma y secuencia de este largometraje, donde la directora infunde una puesta en escena hábil, pero estrictamente realista, sobria y contenida. La historia también destaca por sus diálogos, que a menudo revelan la agitación psicológica que experimenta la protagonista, atormentada por una situación que no puede comprender.



Y, sin embargo, la mayoría de estas mujeres son decididas y los hombres más bien vacilantes, incluso cobardes.Sorry, Baby sin duda provocará reacciones contradictorias (incomodidad, alegría, rechazo), pero es una película interesante con una protagonista fuerte que, en un torbellino de ambigüedades, logra mantener el control de su vida. La película no alcanza la cima de la inventiva, pero algunas escenas están impregnadas de ambivalencia. Por ejemplo, Agnès es atacada por ser mujer, pero no encarna todos los estereotipos de la feminidad: no quiere tener hijos, ha dejado a su novio y no está en la vida de nadie, y acepta ocupar la plaza vacante de su agresor en la universidad…
La agresión es invisible; sólo el desconcierto de Agnès, sus pasos inseguros y su rostro mudo son como gritos alegóricos de alarma mientras regresa a casa, dejando atrás a su agresor, ahora una sombra oscura en el marco de una puerta negra. Toma un baño y Lydie escucha sus confidencias, una maraña de culpa, desconcierto y desconocimiento. Pero ella no será la protagonista paralizada por la interminable y angustiosa espera de un posible olvido; retomará su vida decidiendo desprenderse de sí misma. Agnès sufre interiormente, pero la cineasta decide hacer caso omiso de la psicología y enfocarse únicamente en su lucha. Este otro yo en ella le permite dejar a un lado su pesadilla y actúa como un receptáculo para las palabras dirigidas a Jane, la bebé de Lydie y Fran, en la escena final. De estas palabras emerge algo infinitamente vivo. Es una súplica impregnada de humanidad, con una tensión palpable y un pensamiento sin pretensiones.



La película usa la risa, el miedo, la provocación y la vergüenza como materiales infinitamente maleables. Sin voyeurismo, la obra da testimonio de un mal invisible e insoportable, filmado por la directora con una precisión y determinación visibles en cada mirada de Agnes. Un tema sensible, un encuadre meticuloso, un tratamiento delicado, conmovedor sin ser sensiblero, Sorry, Baby no es un manifiesto feminista. Su voz es suave, pero lo filmado es poderoso. La película es todo menos trivial, con sus ocasionales picos de intensidad emocional, casi lírica, y su determinación por decir la verdad. Uno podría pensar que la película se ve algo lastrada por una especie de impotencia ante la realidad, como si su ficción estuviera enredada en los tics habituales del venerable «hacerlo real», pero esta profunda y agraciada oda a la resiliencia es un éxito.
Una película clínica, valiente y etérea que alcanza su meta: ser útil.



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