Película de Jean-Paul SALOMÉ, Francia, 2025
Crítica de Véronique Gille, traducción adaptada
Duración: 128 min.
Año: 2025
País: Francia
Dirección: Jean-Paul Salomé
Guion: Bastien Daret, Jean-Paul Salomé, Delphine Gleize. Idea: Marie-Pierre Huster
Música: Mathieu Lamboley
Fotografía: Julien Hirsch
Reparto: Reda kateb, Sara Giraudeau, Bastien Bouillon, Pierre Lottin, Camille Japy, Lolita Chammah, Arthur Teboul, Quentin Dolmaire, Victor Poirier, Olivier Loustau, Cédric Weber, Francis Leplay, Margaux Rossi,
Genero: Drama. Thriller. Años 40 y 50.
Miente a casi todo el mundo. Sobre su nombre, sus actividades, sus creencias, su dolor emocional. Jan Bojarski es una sombra temblorosa, que vive casi exclusivamente para engañar. La guerra ha terminado y busca refugio en una Francia aún marcada por los últimos años: la reconstrucción, la amargura, el ajuste de cuentas, la desconfianza, la falta de reconocimiento y, por lo tanto, la astucia necesaria para sobrevivir. Francia le da una fría bienvenida a este refugiado polaco, pero él quiere vivir feliz junto a la mujer que ama, Suzanne. Es talentoso, verdaderamente talentoso, y sin embargo, uno tras otro, sus ingeniosos e innovadores inventos son rechazados por una administración francesa conservadora y discriminatoria. Solo sus habilidades como falsificador son conocidas y reconocidas en el turbio mundo del crimen organizado.

Es una mente brillante en constante movimiento, buscando billetes, antiguos y nuevos, para falsificarlos con mayor precisión. Con este fin, Jan Bojarski —interpretado magistralmente por Reda Kateb— espía, observa, se acerca, olfatea y escucha. Con todos sus sentidos alerta, se sumerge por completo en el arte de la falsificación, hasta el punto de la obsesión. Tangible pero etéreo, atormentado e inquieto, el protagonista está presente en cada escena. La copia perfecta interesa porque este thriller sobre un joven detective, igualmente obsesionado, que persigue a un falsificador, se desarrolla sin persecuciones ni acrobacias. Todo sucede en la mente del protagonista, en su piel, en su propia respiración. De hecho, la película trata el sonido como un personaje más: los ruidos de las máquinas, los artefactos, las puertas que se abren y se cierran, las respiraciones entrecortadas, el acoso humillante, los susurros entre los personajes… todo ello envuelve al espectador.

La película resulta cautivadora al intentar explorar la retorcida psique de este Cézanne del dinero falsificado, un personaje difícil de comprender mientras expone una Francia particular: ingrata, arrogante, discriminatoria, racista e injusta. Concebida como un thriller, esta película es un ejercicio delicado, pero en general exitoso gracias a sus dos actores principales: Reda Kateb y Bastien Bouillon en el papel del comisario Mattéi. Ambos aportan un toque de autenticidad al guión que hace olvidar el estilo académico y, a veces, la contundencia del mensaje del cineasta sobre esta Francia de memoria estrecha. No siempre evita la trampa de la autocomplacencia, parece ofrecer algunas lecciones y no revoluciona el género, pero mantiene su narrativa con una coherencia inquebrantable.

Detrás de su puesta en escena convencional, esta película, con sus ecos de una historia real, ofrece una reflexión a veces simplista que lucha por amplificar la fuerza dramática del tema y no logra compensar las debilidades de la dirección y, en ocasiones, de la actuación insípida y anodina de Sara Giraudeau. Ella no se esfuerza más de lo habitual, interpretando su papel de mujer cariñosa y sumisa con una compostura recatada. La película genera ocasionalmente una sensación de malestar debido a las ambigüedades en su ejecución. El sueño de Jan Bojarski se estrella contra la realidad, e incluso podría interpretarse como una apología del fraude, contradiciendo la sinceridad que la película parece intentar transmitir.

Jean-Paul Salomé pinta un retrato sensible, incluso empático, de su talentoso y discreto protagonista. Nos invita al corazón de su taller, donde vemos a un hombre de las sombras, celebrado aquí sin alardes. El director defiende a Jan Bojarski con una sinceridad que, en última instancia, resulta convincente. Esto se debe a Reda Kateb, quien demuestra la amplitud de su talento al interpretar mentiras convincentes con aplomo. Si bien la dirección no es particularmente deslumbrante, la película mantiene un carácter humanista en su exploración de temas como el presagio de los excesos del mundo financiero y el impulso humano de escapar de una realidad dolorosa para desempeñar un papel diferente que la sociedad le niega.

Cuando se vuelven obsesivos, los deseos de Jan Bojarski lo aprisionan en una cárcel mental donde es a la vez prisionero y carcelero. La dura realidad de Francia lo alcanza constantemente, trayendo consigo su pérdida de categoría y la resignación ante la imposibilidad de que esta situación cambie. Su existencia se dedica a desafiar esta realidad y a demostrarse a sí mismo y a los demás que nada es fijo ni predeterminado. La interpretación del actor eleva sus mentiras a una seriedad tal que encarna una singular variación de sus dos profesiones: inventor-artista y falsificador. Esta es la originalidad de la película, pues la doble vida del protagonista sirve como una búsqueda íntima y humanista, resaltando su incompatibilidad en un mundo donde se siente fuera de lugar, al que siempre se le recuerda que no pertenece.

El protagonista no busca ocupar un lugar que no le pertenece, sino crear el suyo propio, donde pueda contribuir a la comunidad a través de sus numerosos inventos. Reda Kateb destaca por su excepcional capacidad para transmitir una amplia gama de emociones genuinas, donde el miedo a ser descubierto es menos evidente que el miedo a no estar a la altura de quienes lo rodean. En este sentido, quizás sea una película más profunda de lo que su premisa sugiere, además de ofrecer una magnífica interpretación de Reda Kateb.
LA COPIA PERFECTA – Crítica_ versión en francés
Vista en BCN FILM FEST X de Barcelona. Palmarés en este festival:
PREMIO AL MEJOR ACTOR
Reda Kateb
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