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Bélico, Drama, Homosexualidad, Romántico

LA BOLA NEGRA

Película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, España, 2026

Duración: 158 min.

Año: 2026
País: España
Dirección: Los Javis, Javier Calvo, Javier Ambrossi
Guion: Los Javis, Javier Calvo, Javier Ambrossi, Alberto Conejero. Teatro: Alberto Conejero. Obra: Federico García Lorca
Música: Raül Refree
Fotografía: Gris Jordana

Reparto: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz, Glenn Close, Lola Dueñas, Antonio de la Torre, Albert Pla, Hugo Welzel, Antonio Dechent, Alberto Corté, Yenesi, Lorenzo Zurzolo, Nuria Mencía, Natalia de Molina, Mona Martínez, Daniel Ibañez, Mateo Medina, Javier Butler, Francesco Migliori, Gio Torino, Judeline,
Género: Drama. Romance
. Homosexualidad. Guerra Civil Española

      Una obra bella, sutil e inspiradora. Una película sensible que busca constantemente la precisión en su representación de las emociones. La forma se subordina a la intimidad, incluso en sus magníficos paisajes y espacios agrestes. Los dos directores se inspiran en una obra inacabada de Federico García Lorca, el poeta y dramaturgo asesinado por los nacionalistas el 19 de agosto de 1936, tras el golpe de Estado de Franco contra la Segunda República Española el 18 de julio. En su película, los cineastas despliegan su talento visual y su sensibilidad, asegurándose de que desde las primeras escenas nunca olvidemos que el contexto es la Guerra Civil Española.

       La bola negra posee un significado histórico, social, político y profundamente humano, pero, por su universalidad y actualidad, es ante todo una película admirable, seria y conmovedora. Es el arte de plasmar momentos íntimos en bellos paisajes. Más allá de su innegable elegancia formal, la película cautiva por la inteligencia y la sobriedad con que los Javis abordan el tema de la homosexualidad a través de tres historias: las de Carlos, Sebastián y Alberto en tres épocas diferentes: 1932, 1937 y 2017. Estas tres narrativas, impregnadas de realidad, son poderosamente evocadoras y generan sorpresa, interés, preguntas y emoción en el espectador.

      Es una película que celebra el amor. Este amor es una carga para Carlos en 1932, en una España aún fuertemente encerrada, que apenas unos meses antes —el 14 de abril de 1931— había celebrado el advenimiento de la Segunda República. La bola negra es la que se entrega a los candidatos a quienes se les niega la entrada al Casino por sus tendencias antinaturales. La película está dedicada a este peso que carga Carlos y, cinco años después, Sebastián, un soldado nacionalista por deber y no por convicción, que lucha contra la República sin una verdadera conciencia política. Los directores filman a sus actores principales, los excelentes Milo Quifes, Guitarricadelafuente y Miguel Bernardeau, con esmero, capturando miradas furtivas, preguntas tácitas, esbozando el carácter de los tres personajes: Carlos: mundano, dócil; Sebastián: solitario, taciturno, transparente; Rafael: seguro de sí mismo, culto.

      Muchas escenas componen poemas de amor sobrios pero sensuales, como aquella en la que Sebastián aparta la mirada del cuerpo magullado, torturado y musculoso de Rafael, al que debe lavar con un esfuerzo titánico de voluntad. Los directores despliegan estos momentos con una solemnidad algo sentimental, pero magnificada por el juego de luces y una espléndida fotografía. Esta acumulación de belleza adquiere un significado cada vez más conmovedor a medida que avanza la película. Los intentos de Carlos por acceder al Casino terminan en fracaso, simbolizando la lucha perdida que da origen a la narrativa de dos vidas (las de Carlos y Sebastián). Esas vidas se asemejan a agonías vividas en la memoria y el arrepentimiento, reavivadas por la muerte de Sebastián en 2017, punto de partida de la tercera historia, cuyo protagonista es Alberto, su nieto que desconoce a su abuelo.

      Carlos y Sebastián se embarcan en un camino de negación respecto a su homosexualidad. El primero niega meticulosamente —con trágicas consecuencias— quién es, mientras que Sebastián escucha las realidades que le presenta Rafael, su primer amor, contrastándolas con sus sueños. Los Javis mantienen un delicado equilibrio, evitando cualquier condena precipitada. No rehúyen la violencia homofóbica que rodea a los personajes, y su película es visceral. Francamente, uno no espera conmoverse tan profundamente con una historia de amor que hoy podría parecer común, pero que, de hecho, roza lo sublime. Desde las primeras imágenes, parece que estamos viendo un drama de época que rompe con las convenciones del género con sus imágenes, auténticas pinturas que a veces se acercan al tenebrismo, adentrándose en el terreno del cine bélico.

      Con sus tres periodos temporales bien definidos, el guión nunca cae en la indolencia. Al centrarse en la evolución social de España —primero limitada por las convenciones sociales de la época, luego volviéndose más libre y liberada—, los cineastas yuxtaponen su país con la imagen que tenía, y aún tiene, del hombre y su función social. Guitarricadelafuente, en el papel de Sebastián, retrata magistralmente tanto el retraimiento como la ira. Su sola mirada transmite la profundidad de su admiración y su doloroso amor por Rafael. Cuando Rafael yace en su cama tras una sesión de tortura y se gira ligeramente para acariciar el cabello de Sebastián mientras este se apoya en el borde de la cama, se produce uno de los momentos más tiernos de la película.

      Los directores capturan con discreción la complicidad entre los dos personajes y evocan sutilmente la emoción a trompicones, como las raras palabras que delatan sentimientos prohibidos de expresar. Más allá del derecho a ser diferente y a abrazar la homosexualidad, la película plantea la cuestión del compromiso y el impacto de los códigos sociales en la vida de familias construidas sobre mentiras. La familia fundada por Sebastián, que da origen a la tercera historia, es un ejemplo paradigmático, al igual que la de Alberto, nieto de Sebastián. La España de los años treinta, donde el amor a veces trae consigo un sabor a vergüenza, no es precisamente un remanso de paz y tolerancia. Los Javis emplean un poderoso simbolismo para estos amores prohibidos: la inmensidad, reflejo de la libertad. La inmensidad del mar, de los paisajes marítimos y naturales, así como la inmensidad de los sentimientos.

      Para Carlos, vivir estas relaciones homosexuales significa vivir al margen de la sociedad, y la naturaleza humana se convierte en un enemigo radical. Tan pronto como Carlos regresa al mundo conformista, el deseo pasa a un segundo plano frente a la obligación de cumplir un contrato social: el de entrar al Casino. Sebastián, falto de conciencia política, defiende a su país en el grupo de hombres «de verdad«, y cuando termina la guerra, se casa y tiene una hija. Si el deseo existe, no es algo que se pueda mostrar para Carlos y Sebastián. Las escenas del despertar del deseo suelen filmarse en primer plano y transforman la violencia circundante y la vergüenza sentida en gracia. En estos momentos, la cámara roza los rostros, acaricia a los personajes y transmite una fuerza totalmente genuina. Las imágenes, ni estáticas ni frenéticas, reflejan las almas temblorosas de Carlos, Sebastián y asimismo la de Alberto al descubrir la homosexualidad de su abuelo, que también es la suya propia.

       El ritmo pausado y la multitud de escenas que retratan la vida cotidiana en tiempos de guerra transmiten los sentimientos de estos tres personajes. El montaje, hábilmente ejecutado, elimina cualquier atisbo de patetismo en comportamientos que, por intentar ajustarse a las convenciones, acaban por conducir a una amarga ruina personal. Una historia de amor se desarrolla en un hospital improvisado bajo un cielo atronador de bombas, condenada al fracaso hasta el final, pero aún más magnífica por ello. La bola negra es una película donde los momentos de soledad contrastan con los de amor, tolerancia y libertad; es una tragedia contenida, interpretada con entrega por actores muy convincentes, pero también una película amplia y generosa que mereció plenamente el premio a Mejor Dirección en el Festival de Cannes de 2026.

La bola negra – Versión en francés

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