Película de Fernando GONZÁLEZ MOLINA, España,2025
Crítica de Véronique Gille, traducción adaptada
Duración: 118 min.
Año: 2026
País: España
Dirección: Fernando González Molina
Guion: Alberto Marini
Música: Audrey Ismaël
Fotografía: Pau Castejón
Reparto: Enric Auquer, Diana Gómez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde, Xavi Sáez, David Vert, Joan Pedrola, Mima Riera, José Pérez Ocaña, Marina Esteve, Moha Ben Moula, Ahmed Mehdi, Joan Amargós, Faouziza, Kidai Charkaoui Haitam
Género: Drama. Basado en hechos reales. Terrorismo. Policíaco.
La película de Fernando González Molina nos obliga a comprender la cacería meticulosamente planeada por los Mossos d’Esquadra, la policía oficial y autónoma catalana, de los autores del atentado islamista con vehículo ariete perpetrado el 17 de agosto de 2017 en Las Ramblas de Barcelona. Con un estilo caleidoscópico que nos transporta al lugar de la persecución y al segundo atentado islamista en Cambrils el 18 de agosto, el cineasta intenta evitar cualquier forma manipuladora de maniqueísmo. Ofrece una perspectiva sencilla para denunciar una tragedia que ya parece enterrada y logra jugar con el patetismo de este hecho real sin sucumbir a él.

Un puñado de escenas impregnadas de auténtica empatía y realismo funcionan bien en la película antes de que la superficialidad general socave su plena credibilidad. Cronos intenta desvelar la ambigua verdad sobre los autores de los atentados y las intrigas políticas de la lucha de poder entre las fuerzas policiales. A pesar de un reparto sólido y actuaciones convincentes, encabezadas por Enric Auquer, la película, marcada por la fragilidad social y humana, se estanca gradualmente. Ciertamente, el ritmo vertiginoso desencadena una carrera contrarreloj, alimentando, a través de una mezcla de pánico, interrogantes, fallos humanos y emergencias logísticas, la realidad creada por quienes vivieron esos trágicos momentos, pero ¿es suficiente?

El método del director consiste en basar su largometraje en testimonios sólidos y extraer de ellos una narrativa dramática superficial, con personajes poco definidos a pesar de las entregadas interpretaciones de los actores. Para Fernando González Molina, la efectividad del género parece primar, de ahí el ritmo trepidante de la película. El cineasta observa con atención la turbia lucha de los investigadores que, entre reuniones con políticos y pistas falsas sobre el terreno, procuran prevenir otro atentado terrorista. Sin originalidad, el guión se mantiene fiel a los hechos, pero ha logrado el tono adecuado, hay que reconocerlo.

El director ofrece un relato vigoroso de estos días de tensión, transformando la historia, sólo brevemente, en una serie de pequeñas historias a través de las voces de un coro policial. La fuerza de la película reside en priorizar el respeto sobre el espectáculo, ya que el atentado en sí no se muestra directamente; se evoca mediante los cuerpos cubiertos, los heridos anónimos que son llevados en camillas, la presencia de ambulancias, las luces azules giratorias de los coches patrulla y la furgoneta con la puerta abierta, una representación de esta locura asesina. Aunque conocemos el resultado de la persecución, Cronos además, tiene el mérito de ilustrar esta búsqueda meticulosamente planificada sin adornos.
Pero el escollo de la película es que se desmorona al no lograr desarrollar un punto de vista relevante ni tratar adecuadamente a sus personajes. A veces, una tiene la impresión de que el director parece paralizado por la sensibilidad del evento y prefiere refugiarse en su reconstrucción, por muy precisa que sea, a expensas de sus personajes. La película se convierte en una serie de eventos (vistos únicamente desde la perspectiva policial), mientras que nunca es más convincente que cuando el ritmo se ralentiza y muestra cómo el azar y la casualidad también desempeñaron un papel candente en la búsqueda. Este es su enfoque loable, pero también su limitación. Desprovisto de manipulación emocional, heroísmo convencional o dramatización exagerada, Cronos filma las vacilaciones, las ansiedades internas, multiplica los contrapuntos y señala de manera implícita la fragilidad de las democracias que se creen sólidas.

Algunos podrían argumentar que el éxito de la película radica precisamente en que no se centra en ningún personaje específico, sino en un grupo atrapado en el caos de la persecución. Sin embargo, el significado de la tragedia sigue sin estar claro, ya que muchas preguntas giran en torno a la psique de los terroristas que solo necesitaban su determinación y herramientas rudimentarias para desestabilizar el sistema. La película simplemente muestra a jóvenes violentos recitando oraciones y gritando conjuros sin revelar jamás sus verdaderas aspiraciones. Cronos muestra la vulnerabilidad de nuestro mundo y la posibilidad de cambiar las cosas, aunque sea por un instante, antes de lo inevitable. A pesar de sus defectos, la película es necesaria para el deber de memoria, porque las víctimas merecen ser recordadas. Una memoria que debe preservarse, la de quienes se han ido y la de quienes quedan.

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